Prostitutas de guerra prostitutas callejeras en sevilla

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Desde que llegamos a los estudios donde se emite —emitía, porque lo han cancelado- el programa Verde Blanca Verde de Canal Sur, todo fue un despropósito.

Preguntas que se había dicho que se formularían de tipo político y de reivindicación de derechos y que se cambiaron por el amarillismo propio de los programas de la tv actual. De la peluca y el distorsionador de voz que le prometieron, y que le negaron que hubiese pedido, no había atisbos. En plena crisis, ella estuvo buscando los mensajes de whatsapp donde claramente les exigía esas dos premisas para salir en directo por un estigma familiar que la atraviesa y que el equipo se pasó por el forro de la gabardina.

Ambas enfermaron a pocas horas del programa. Ni un tentempié, ni un zumo, nada! La callada fue su respuesta. Yo le voy a llamar Julia, por ponerte un nombre, porque sé que no quieres que te reconozcan.

Vamos a poner a los expectarores un poquito en situación: Por necesidad; y hay diferentes necesidades: Hay datos —y lo hemos estado hablando a lo largo de la noche, que es muy difícil hablar de datos porque no hay fuentes fiables— hay un dato que yo quiero que me confirmes: De hecho, se busca darle la vuelta; por ejemplo, en los clubs, los propietarios son empresarios, no son proxenetas, porque nosotras lo que pagamos allí es un hospedaje; entonces, somos huéspedes de ese hotel, pero esos hoteles no tienen licencia de club ni tampoco tienen licencia de hoteles, entonces, no se puede permitir el hospedaje en esos espacios.

Así nos lo reconoce el Ayuntamiento de Sevilla porque le hemos presentado un listado para que nos dijeran las licencias que tenían todos los clubs. Nosotras queremos derechos, queremos protección para las víctimas de trata, mejor protección, no la desprotección que tienen ahora las compañeras víctimas de trata.

Nosotras queremos planes de reinserción y de formación para las compañeras que quieren dejar de ejercer la prostitución y queremos derechos laborales para las personas que quieren seguir ejerciendo la prostitución.

Ahora vamos a explicar a los expectadores que en una ordenanza del Ayuntamiento se prohibía, bueno, se multaba al cliente de la prostitución.

Porque esto es un engaño: Que nos den derechos, que nos den protección, que es vergonzoso la atención que tenemos en los datos que dan. Esto por la parte que ejecutan sus tareas. Siempre hablamos de mujeres y yo, antes de que te vayas te quería hacer la pregunta: Los compañeros que ejercen la prostitución lo tienen peor que nosotras, porque ellos no existen ni para la Administración. No siempre se puede hablar con vosotras. Dejemos ya de tanta sinvergonzonería, que luego no nos consideran víctimas de violencia de género, que luego nuestras compañeras asesinadas por sus parejas no son consideradas víctimas de violencia de género, porque tan sólo se les considera chulos o proxenetas.

Nosotras no podemos tener pareja, parece ser. Esto no va a terminar porque nosotras queramos esto para nuestras hijas o no. Esto va a terminar con las hijas de muchas mujeres viniendo aquí, de muchas madres, y lo que queremos es que estén en mejores condiciones que las que hemos vivido nosotras. Que no se utilice para recibir subvenciones, que no se utilice como programa electoral y que no se utilice para ganar una pelea feminista.

Porque este es un movimiento que hace mucho tiempo que ha empezado y estamos empezando una lucha que ya la hemos ganado el 8 de marzo, cuando se ha conseguido, y eso sin participar todavía los colectivos de prostitutas, cuando se ha conseguido que la abolición no se lleve en el manifiesto.

Que reconozcamos y respetemos que existe capacidad de decisión en prostitución no significa que este sea el argumento fundamental para abrazar la postura pro-derechos. Ciertamente, en el sistema capitalista solo las personas privilegiadas eligen en qué trabajar, el resto decidimos entre opciones restringidas a nuestros ejes de opresión.

Nadie cobra de un matriarcado socialista, ni siquiera las lesbianas políticas. Pese a esto, tanto la criminalización de la prostitución callejera como la explotación laboral a terceros se encuentran, de hecho, legitimadas.

Las razones de peso que nos llevan a apoyar la lucha de las trabajadoras sexuales son las violaciones de derechos humanos que se producen en nuestro contexto. Hacemos referencia a la violencia institucional, los abusos de poder de los cuerpos de policía, las detenciones arbitrarias amparadas por la Ley de Extranjería, el acoso policial, las multas, las fallas en la tutela judicial efectiva, la precarización y la exposición a una mayor violencia que acontecen en la calle gracias a la suma entre ordenanzas municipales, la ley mordaza y el vacío legal en el que se desenvuelve.

De otro lado, aquellas que trabajan a terceros sufren la violencia anexa a la explotación laboral en la que caen por encontrarse en un limbo legal que propicia todo tipo de abusos.

No tienen ninguna protección frente al despido, la salud o la higiene, que queda al arbitrio del empresario.

Se producen toda una ausencia de derechos sociales tales como el acceso a la vivienda. Habitualmente se ven abocadas a vivir y trabajar en un club, alquilar una habitación con suerte o al sistema de camas calientes. También se vulnera el derecho a la salud, sufren discriminación y padecen indefensión para acceder a servicios sanitarios siendo las ONG las que les facilitamos información sobre los recursos disponibles; quedan a expensas de que se produzca el contacto.

El estigma se traduce en una cadena de discriminaciones y exclusión social. Y el estigma, a la larga, mata. Este es el escenario estructural de la prostitución en España. La situación de alegalidad en la que se encuentran se convierte en prohibicionismo en la calle, avalado por tesis abolicionistas.

Un matrimonio bien avenido que limpia las calles, reubica a las prostitutas a terceros desentendiéndose de las asalariadas y luego nos dice que, si quieren derechos, se hagan autónomas. Curiosamente, la mayoría que tanto preocupa al abolicionismo no puede darse de alta como autónoma, bien porque no dispone de ingresos suficientes y la estabilidad laboral para hacer frente a la cuota, bien porque trabajan en relación de dependencia o se encuentran en situación administrativa irregular.

Por mucho que se busque a la puta representativa -aquella que case con nuestros presupuestos- no existe una experiencia universal de prostitución. La diversidad es clave y la justicia social se consigna en dar respuesta a cada situación. Habría que recordar que existe trata en multitud de sectores y su causa no es la prostitución, sino el cierre de fronteras europeo, las restricciones que impone la Ley de Extranjería y la clandestinidad obligatoria en la que se desarrollan los proyectos migratorios.

En segundo lugar, hacen falta alternativas laborales realistas para quienes quieran abandonar el ejercicio. Llevamos 23 años insistiendo en que no, no somos regulacionistas.

Recrean la división entre prostitución legal e ilegal para las migrantes en situación irregular, prohíben la prostitución callejera, favorecen el ejercicio a terceros y estigmatizan como grupo de riesgo y en la vida laboral.

Frente a este modelo también nació el movimiento de prostitutas, es un marco que ninguna asociación pro-derechos defiende y que los sindicatos de prostitutas de los países con modelo reglamentarista critican abiertamente. Se trata de poner límites a los empresarios, de evitar las relaciones de explotación laboral que ya existen, de descriminalizar la prostitución callejera, incentivar el trabajo autónomo y, por encima de todo, que el modelo de prostitución que se quiera desarrollar cuente en su elaboración con la participación de las protagonistas.

La frecuente asimilación entre regulación y enfoque pro-derechos, el desequilibrio de información sobre las cuatro posturas del que dispone la población, no es inocente y sí un síntoma de que el debate nunca ha sido tal cosa. Mientras nos meten en el mismo saco, se obvia quién tiene el monopolio del poder institucional, académico y los recursos asistenciales. Quienes defendemos esta postura no somos un todo monolítico.

Hay quienes apoyan una visión pro-sexo y se concentran en reconocer la capacidad de decisión. Hay quienes desean la abolición a largo plazo, pero conscientes de la gravedad de la situación abrazan el principio de reducción del daño. Hay quienes, incluso, veníamos del abolicionismo y el trabajo de campo en las zonas de ejercicio nos hizo ir deconstruyendo una serie de supuestos.

Nos quedan muchas cuestiones en el tintero, como los clientes, por supuesto. Asunto, por cierto, sobre el que las trabajadoras sexuales han escrito ríos de tinta, pero no podemos convencer a quienes se niegan a revisar su sesgo de confirmación, la tendencia a valorar solo aquella información que confirme sus creencias.

Cierto es que las que se autodenominan trabajadoras sexuales no son todas. Pareciera que la preocupación central no son las putas, sino los efectos simbólicos de normalizar la prostitución. Si de verdad preocupara el machismo en la prostitución, con mayor razón buscaríamos que estuviesen protegidas frente a este.

Con todo, para que la ansiada revolución que erradique de base las instituciones patriarcales pueda llegar a buen puerto, no podemos olvidar dirigirnos primero hacia la feminización de la pobreza.

Condenar a la clandestinidad y a la vulneración de derechos humanos no nos parece la mejor opción; multar a las que ejercen en la calle, desentenderse de las asalariadas y decirles a las que quieren trabajar que ahí tienen la cuota de autónomos sí es neoliberal. Si no se quiere dar el brazo a torcer al menos que no se les exija a quienes nunca se ha considerado como sujetos políticos la misión de erradicar el patriarcado, el capitalismo, la alienación y el trabajo asalariado.

Y sí, es trabajo. El movimiento de liberación de las prostitutas en España tiene una cita ineludible con los tribunales de justicia.

Ellos son en muchas ocasiones los que revelan la ubicación de estos prostíbulos ocultos con sus denuncias a través del teléfono 10 50 90 o el correo electrónico trata policia. También el Ayuntamiento quiere contar con ellos y tiene previsto invitar a colectivos vecinales y a los administradores de fincas a que participen en las mesas de trabajo donde Administración y cuerpos policiales cruzan información.

En una casa adosada de esta zona acomodada de la capital una red explotaba a mujeres chinas que no salían de la casa salvo para atender a clientes que prefieren no desplazarse al prostíbulo. Por supuesto las mujeres iban siempre acompañadas por un miembro de la red y no daban un paso sin estar bajo vigilancia. Uno de los responsables de la operación policial recuerda las dificultades que tuvieron para llegar a las víctimas. La primera denuncia vecinal es de mayo de y no fue hasta septiembre de este año cuando los agentes dieron por concluida la investigación.

Cuatro mujeres fueron liberadas cuando registraron la casa y tres personas, detenidas. Todos quedaron en libertad con cargos. Reclutaban a las víctimas en ciudades de las provincias chinas de Fujian y Zhejiang. Allí les prometían un trabajo en España, con contrato y un buen salario. Cuando llegaban a España, la realidad era bien distinta.

Al sexo de pago como recurso acuden varios perfiles, retrata Paula Mandillo. Uno atado a la toxicomanía. Pero la mayoría, matiza, "son madres de familia, con hijos" que acuden a la prostitución "para llevar adelante una casa".

Solo la elaboración de un estudio riguroso sobre el trabajo del sexo ofrecería "la situación real", como indica la portavoz del Colectivo Hetaira , Mamen Priz. En la silueta que oculta personas "marginales, drogadictas y sin otra salida", caben también quienes buscan "una manera de salir de la pobreza". La calle es una roca que aplasta.

No hay trabajo de nada". La necesidad, el extremo de la crisis, tiene estas caras. La calle es una roca que aplasta lento. Escribe tu comentario Debe ser inferior a caracteres. Ambas enfermaron a pocas horas del programa.

Ni un tentempié, ni un zumo, nada! La callada fue su respuesta. Yo le voy a llamar Julia, por ponerte un nombre, porque sé que no quieres que te reconozcan. Vamos a poner a los expectarores un poquito en situación: Por necesidad; y hay diferentes necesidades: Hay datos —y lo hemos estado hablando a lo largo de la noche, que es muy difícil hablar de datos porque no hay fuentes fiables— hay un dato que yo quiero que me confirmes: De hecho, se busca darle la vuelta; por ejemplo, en los clubs, los propietarios son empresarios, no son proxenetas, porque nosotras lo que pagamos allí es un hospedaje; entonces, somos huéspedes de ese hotel, pero esos hoteles no tienen licencia de club ni tampoco tienen licencia de hoteles, entonces, no se puede permitir el hospedaje en esos espacios.

Así nos lo reconoce el Ayuntamiento de Sevilla porque le hemos presentado un listado para que nos dijeran las licencias que tenían todos los clubs.

Nosotras queremos derechos, queremos protección para las víctimas de trata, mejor protección, no la desprotección que tienen ahora las compañeras víctimas de trata.

Nosotras queremos planes de reinserción y de formación para las compañeras que quieren dejar de ejercer la prostitución y queremos derechos laborales para las personas que quieren seguir ejerciendo la prostitución.

Ahora vamos a explicar a los expectadores que en una ordenanza del Ayuntamiento se prohibía, bueno, se multaba al cliente de la prostitución.

Porque esto es un engaño: Que nos den derechos, que nos den protección, que es vergonzoso la atención que tenemos en los datos que dan. Esto por la parte que ejecutan sus tareas. Siempre hablamos de mujeres y yo, antes de que te vayas te quería hacer la pregunta: Los compañeros que ejercen la prostitución lo tienen peor que nosotras, porque ellos no existen ni para la Administración. No siempre se puede hablar con vosotras. Dejemos ya de tanta sinvergonzonería, que luego no nos consideran víctimas de violencia de género, que luego nuestras compañeras asesinadas por sus parejas no son consideradas víctimas de violencia de género, porque tan sólo se les considera chulos o proxenetas.

Nosotras no podemos tener pareja, parece ser. Esto no va a terminar porque nosotras queramos esto para nuestras hijas o no. Esto va a terminar con las hijas de muchas mujeres viniendo aquí, de muchas madres, y lo que queremos es que estén en mejores condiciones que las que hemos vivido nosotras. Que no se utilice para recibir subvenciones, que no se utilice como programa electoral y que no se utilice para ganar una pelea feminista.

Porque este es un movimiento que hace mucho tiempo que ha empezado y estamos empezando una lucha que ya la hemos ganado el 8 de marzo, cuando se ha conseguido, y eso sin participar todavía los colectivos de prostitutas, cuando se ha conseguido que la abolición no se lleve en el manifiesto. Que reconozcamos y respetemos que existe capacidad de decisión en prostitución no significa que este sea el argumento fundamental para abrazar la postura pro-derechos.

Ciertamente, en el sistema capitalista solo las personas privilegiadas eligen en qué trabajar, el resto decidimos entre opciones restringidas a nuestros ejes de opresión. Nadie cobra de un matriarcado socialista, ni siquiera las lesbianas políticas. Pese a esto, tanto la criminalización de la prostitución callejera como la explotación laboral a terceros se encuentran, de hecho, legitimadas.

Las razones de peso que nos llevan a apoyar la lucha de las trabajadoras sexuales son las violaciones de derechos humanos que se producen en nuestro contexto. Hacemos referencia a la violencia institucional, los abusos de poder de los cuerpos de policía, las detenciones arbitrarias amparadas por la Ley de Extranjería, el acoso policial, las multas, las fallas en la tutela judicial efectiva, la precarización y la exposición a una mayor violencia que acontecen en la calle gracias a la suma entre ordenanzas municipales, la ley mordaza y el vacío legal en el que se desenvuelve.

De otro lado, aquellas que trabajan a terceros sufren la violencia anexa a la explotación laboral en la que caen por encontrarse en un limbo legal que propicia todo tipo de abusos. No tienen ninguna protección frente al despido, la salud o la higiene, que queda al arbitrio del empresario.

Se producen toda una ausencia de derechos sociales tales como el acceso a la vivienda. Habitualmente se ven abocadas a vivir y trabajar en un club, alquilar una habitación con suerte o al sistema de camas calientes. También se vulnera el derecho a la salud, sufren discriminación y padecen indefensión para acceder a servicios sanitarios siendo las ONG las que les facilitamos información sobre los recursos disponibles; quedan a expensas de que se produzca el contacto. El estigma se traduce en una cadena de discriminaciones y exclusión social.

Y el estigma, a la larga, mata. Este es el escenario estructural de la prostitución en España. La situación de alegalidad en la que se encuentran se convierte en prohibicionismo en la calle, avalado por tesis abolicionistas. Un matrimonio bien avenido que limpia las calles, reubica a las prostitutas a terceros desentendiéndose de las asalariadas y luego nos dice que, si quieren derechos, se hagan autónomas.

Curiosamente, la mayoría que tanto preocupa al abolicionismo no puede darse de alta como autónoma, bien porque no dispone de ingresos suficientes y la estabilidad laboral para hacer frente a la cuota, bien porque trabajan en relación de dependencia o se encuentran en situación administrativa irregular. Por mucho que se busque a la puta representativa -aquella que case con nuestros presupuestos- no existe una experiencia universal de prostitución.

La diversidad es clave y la justicia social se consigna en dar respuesta a cada situación. Habría que recordar que existe trata en multitud de sectores y su causa no es la prostitución, sino el cierre de fronteras europeo, las restricciones que impone la Ley de Extranjería y la clandestinidad obligatoria en la que se desarrollan los proyectos migratorios. En segundo lugar, hacen falta alternativas laborales realistas para quienes quieran abandonar el ejercicio.

Llevamos 23 años insistiendo en que no, no somos regulacionistas. Recrean la división entre prostitución legal e ilegal para las migrantes en situación irregular, prohíben la prostitución callejera, favorecen el ejercicio a terceros y estigmatizan como grupo de riesgo y en la vida laboral. Frente a este modelo también nació el movimiento de prostitutas, es un marco que ninguna asociación pro-derechos defiende y que los sindicatos de prostitutas de los países con modelo reglamentarista critican abiertamente.

Se trata de poner límites a los empresarios, de evitar las relaciones de explotación laboral que ya existen, de descriminalizar la prostitución callejera, incentivar el trabajo autónomo y, por encima de todo, que el modelo de prostitución que se quiera desarrollar cuente en su elaboración con la participación de las protagonistas.

La frecuente asimilación entre regulación y enfoque pro-derechos, el desequilibrio de información sobre las cuatro posturas del que dispone la población, no es inocente y sí un síntoma de que el debate nunca ha sido tal cosa.

Mientras nos meten en el mismo saco, se obvia quién tiene el monopolio del poder institucional, académico y los recursos asistenciales.

Quienes defendemos esta postura no somos un todo monolítico. Hay quienes apoyan una visión pro-sexo y se concentran en reconocer la capacidad de decisión. Hay quienes desean la abolición a largo plazo, pero conscientes de la gravedad de la situación abrazan el principio de reducción del daño.

Hay quienes, incluso, veníamos del abolicionismo y el trabajo de campo en las zonas de ejercicio nos hizo ir deconstruyendo una serie de supuestos. Nos quedan muchas cuestiones en el tintero, como los clientes, por supuesto. Asunto, por cierto, sobre el que las trabajadoras sexuales han escrito ríos de tinta, pero no podemos convencer a quienes se niegan a revisar su sesgo de confirmación, la tendencia a valorar solo aquella información que confirme sus creencias.

Cierto es que las que se autodenominan trabajadoras sexuales no son todas. Pareciera que la preocupación central no son las putas, sino los efectos simbólicos de normalizar la prostitución. Si de verdad preocupara el machismo en la prostitución, con mayor razón buscaríamos que estuviesen protegidas frente a este. Con todo, para que la ansiada revolución que erradique de base las instituciones patriarcales pueda llegar a buen puerto, no podemos olvidar dirigirnos primero hacia la feminización de la pobreza.

Condenar a la clandestinidad y a la vulneración de derechos humanos no nos parece la mejor opción; multar a las que ejercen en la calle, desentenderse de las asalariadas y decirles a las que quieren trabajar que ahí tienen la cuota de autónomos sí es neoliberal. Si no se quiere dar el brazo a torcer al menos que no se les exija a quienes nunca se ha considerado como sujetos políticos la misión de erradicar el patriarcado, el capitalismo, la alienación y el trabajo asalariado.

Y sí, es trabajo. El movimiento de liberación de las prostitutas en España tiene una cita ineludible con los tribunales de justicia. En un Estado de Derecho como es el nuestro, debe ser la batalla judicial la que restituya el pleno ejercicio de sus derechos constitucionales, es decir, humanos, a las prostitutas. En otros países ya se libra o se ha librado esa batalla: Gascón; en Irlanda, el pleito que ha dejado inacabado nuestra querida compañera recientemente fallecida Laura Lee. Aquí presento una propuesta de denuncia al Ayuntamiento de Sevilla por delito de odio.

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Y por supuesto, de quién la cuenta. Esta nueva realidad ha sido diagnosticada por el Ayuntamiento de Sevilla en su II Plan contra la Explotación Sexualaprobado hace unas semanas. Y esa estrategia sólo puede ser ser caótica. También manifestó algunas demandas que el Colectivo ha hecho putas y guarras prostitutas nerja Ayuntamiento de Sevilla, y recordó que las ordenanzas antiprostitución patrocinadas por el PSOE nada han contribuido a eliminar la trata, ni a mejorar las condiciones de las trabajadoras sexuales: En un Estado de Derecho como es el nuestro, debe ser la batalla judicial la que restituya el pleno ejercicio de sus derechos constitucionales, es decir, humanos, a las prostitutas. A su gran falta de homogeneidad y de unión, a la presencia continua de la competencia entre ellas, se une la impredecibilidad de las consecuencias de la ruptura del equilibrio: Llevamos 23 años insistiendo en que no, no somos regulacionistas. Se producen toda una ausencia de derechos sociales tales como el acceso a la vivienda. Esto no ha pasado en España. Pero la mayoría, matiza, "son madres de familia, con hijos" que acuden a la prostitución "para llevar adelante una casa". Frente a este modelo también nació el movimiento de prostitutas, es un marco que ninguna asociación pro-derechos defiende y que los sindicatos de prostitutas de los países con modelo reglamentarista critican abiertamente. prostitutas de guerra prostitutas callejeras en sevilla

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